La Creatura, red productora transfeminista, es una colectividad conformada por mujeres y disidencias, muchas de ellas migras del sur global, desde la que generar autoempleo con mirada transfeminista y anticolonial.
La Creatura promueve la co-creación afectiva, el aprendizaje no formal y el goce como algo vital. Es una comunidad en movimiento constante que resiste, abraza la diversidad y se transforma, generando nuevas formas de convivencia y construcción colectiva. Nos relacionamos desde las artes, los oficios, la política y los saberes compartidos. Asumimos colectivamente lo reproductivo y tratamos de hacer amable lo productivo.
Trabajamos desde las economías de resistencia, por el autoempleo y la incidencia política., desde tres líneas principales: los oficios, sobre todo en àreas tradicionalmente masculinizadas, la producción cultural y la producción audiovisual.
Las economías de resistencia son formas de organización económica que desafían y escapan de las estructuras tradicionales de poder y explotación. Se basan en el apoyo mutuo, la autogestión y la reciprocidad, promoviendo la sostenibilidad colectiva y priorizando el bienestar de las comunidades por encima del lucro individual. Estas economías surgen como respuesta a sistemas que precarizan nuestras vidas, cuestionan nuestros cuerpos y desvalorizan nuestros saberes, especialmente aquellos de personas migrantes, trans, no binarias, racializadas y disidentes.
En el contexto de La Creatura, las economías de resistencia no solo buscan sobrevivir al sistema, sino hackearlo. Se trata de crear redes de solidaridad donde el intercambio no se mide únicamente en términos monetarios, sino también en conocimiento, tiempo, afecto y recursos compartidos. Estas prácticas desafían la rigidez administrativa y financiera, proponiendo alternativas que permiten a individues y colectivos mantener su autonomía mientras construyen espacios seguros y sostenibles.
Aquí, la resistencia se vive desde la responsabilidad compartida, el placer, la creatividad y la celebración, entendiendo que el goce también es una forma de subversión. Es en estos encuentros donde se cocinan nuevas metodologías y estrategias para enfrentar la precariedad, no desde el aislamiento, sino desde la colectividad y el cuidado mutuo.
Las economías de resistencia son una apuesta por otras formas de vivir y trabajar, donde el poder se distribuye y la dignidad es innegociable.
En La Creatura trabajamos desde una metodología colectiva que parte de la autonomía de cada une. Cada persona impulsa sus propios proyectos y, al mismo tiempo, se nutre del acompañamiento mutuo. Nos sostenemos en red: compartiendo estrategias, tejiendo alianzas, poniendo en común recursos técnicos, respaldo fiscal y experiencias que fortalecen lo que cada quien trae consigo. Así, lo individual se nutre de lo colectivo y lo colectivo se multiplica con cada iniciativa.
Practicamos la mancomunidad como forma de resistencia: los gastos que sostienen lo común —administración, contabilidad, comunicación, infraestructuras— se asumen de manera compartida, garantizando que todas las líneas de trabajo puedan florecer sin cargar en soledad con la estructura. Lo común es abrigo y sostén, un terreno fértil donde cada proyecto mantiene su autonomía mientras se enlaza con los demás.
Nuestra metodología es también una invitación. Invitamos a quienes quieran colaborar, aportar sus ideas o sumar proyectos a esta aventura de imaginar y construir juntes. Aquí no ofrecemos empleos, sino la posibilidad de ser parte de una comunidad que apuesta por otras formas de trabajar y vivir, donde las redes de apoyo y las alianzas nos permiten avanzar con más fuerza y ternura.
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